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16 mar. 2009

Evangelio Lucas 17.30-31 por Samuel Olson

La parábola de hoy viene precedida de la explicación de la segunda venida de Jesús en sus propias palabras. «Así será el día en que se manifieste el Hijo del hombre. En aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas dentro de la casa, que no baje a buscarlas. Asimismo, el que esté en el campo, que no regrese por lo que haya dejado atrás.» (Lucas 17.30-31). Para el presente y para el futuro cuando vuelva el Señor, estas son cosas que siempre debemos tener presentes, en el caso de la parábola de hoy, veremos el poder y la importancia de la oración para el cristiano.

 

Encontramos en la Biblia la parábola de una viuda que presionaba insistentemente a un juez injusto para que hiciera justicia en su vida. «Había en cierto pueblo un juez que no tenía temor de Dios ni consideración de nadie. En el mismo pueblo había una viuda que insistía en pedirle: "Hágame usted justicia contra mi adversario." Durante algún tiempo él se negó, pero por fin concluyó: "Aunque no temo a Dios ni tengo consideración de nadie, como esta viuda no deja de molestarme, voy a tener que hacerle justicia, no sea que con sus visitas me haga la vida imposible." »  (Lucas 18. 2-5). Por un lado tenemos a esta mujer que insiste tanto porque no tenia ninguna otra arma con que defenderse ante la injusticia, una mujer con una voluntad de hierro y una fe firme en el Señor. Esto mueve al corazón de Dios y al corazón de los injustos. Nuestro Dios es un Dios que responde y que sabe lo que es mejor para nosotros. Y también tenemos a este hombre injusto que sólo le importaba el soborno y la palanca para contestar ante la necesidad de alguien, un juez sin consideración para los que no tenían nada. Tenemos al que tiene el poder y al que no lo tiene. Hasta que finalmente, este juez, molesto por la insistencia de esta mujer decide hacerle justicia para quitársela de encima. Si esto sucede con un juez injusto, ¿qué hay con un Dios justo? ¿Qué hará Él? Con esta historia, Dios le quiere decir algo al hombre y la mujer de fe: Si usted quiere algo de Dios no deje de orar e insistir.

 

Al terminar la parábola Jesús agregó: «Tengan en cuenta lo que dijo el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a Él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles? Les digo que sí les hará justicia, y sin demora. No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?» (Vs.6-8)

 

Conozco gente que ha pasado años orando y clamando sin cesar para que se haga justicia en su situación, confiando en las palabras de Dios cuando dijo: «Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas. » (Isaías 43.2) «Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.»  (Romanos 8.28) «Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, Él les dará también una salida a fin de que puedan resistir»  (1 Corintios 10.13)

 

Sólo en medio de la tribulación podemos descubrir la grandeza del Señor.  Escrito también está: «Creí, y por eso hablé.» (2 corintios 4.13) «Manténganse listos, con la ropa bien ajustada y la luz encendida. Pórtense como siervos que esperan a que regrese su Señor de un banquete de bodas, para abrirle la puerta tan pronto como Él llegue y toque. Dichosos los siervos a quienes su Señor encuentre pendientes de su llegada. Créanme que se ajustará la ropa, hará que los siervos se sienten a la mesa, y él mismo se pondrá a servirles. Sí, dichosos aquellos siervos a quienes su señor encuentre preparados, aunque llegue a la medianoche o de madrugada. Pero entiendan esto: Si un dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, estaría pendiente para no dejarlo forzar la entrada. Así mismo deben ustedes estar preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen. » (Lucas 12.35-40) La Biblia está llena de estas palabras de aliento y sabiduría.

 

Como cristianos debemos ser pacientes. Ante las circunstancias, hay gente que lamentablemente se rinde, y a ellos Dios les pregunta: Cuando Jesús vuelva… ¿Encontrará fe en la tierra? (Lucas 18. 8). O para ser más específico ¿Hallará el Señor esa clase de fe? ¿Habrá la capacidad de resistir el cansancio y el desanimo? ¿Habrá fe cuando no se pueda ver nada? ¿Habrá la capacidad para ser una luz pequeñita en medio de la gran oscuridad? ¿Habrá fe en tí cuando llegue el momento de dificultad? Todo este descalabro económico mundial que causará estragos en nuestras economías, ¿nos hará tener más fe o la perderemos? Tendremos la confianza para depositar nuestra confianza en la luz de Dios. ¿Habrá una luz en su hogar en medio de la oscuridad que indique que hay paz y fe en su alma? ¿Habrá fe cuando venga el Señor con su Reino?

 El hombre y la mujer de Dios tiene fe en medio del vacío y la desolación, es gente que ora y lucha cuando la tristeza rodea sus vidas cuando las tinieblas los rodean, gente que resiste y que en medio de ella levanta la voz declarando la obra y fidelidad de Dios. Declarando que Dios está en control de las cosas, en espera de aquel día en que un relámpago cambiará todas las cosas, terminando el dolor y echando al Hades en el fuego por los siglos de los siglos. ¿Puede usted confiar que en los momentos de soledad el Señor estará con usted?

 

Oración: Señor abrimos nuestro corazón a Tí. Nos amas, nos buscas, nos atraes hacia Tí, implantas en cada uno de nosotros las capacidades y fe para creerte a Tí. Señor, que cada día tengamos ese tipo de fe. Te declaro mi fe en Tí, dame fortaleza y persistencia para estar delante de tu trono, día y noche, clamando por justicia, en tu nombre hemos orado. Amen.