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27 abr. 2009

Reflexiones: Amados de Dios

Tradicionalmente conocemos al apóstol Juan como el “Discípulo amado”. Tanto el Evangelio que lleva su nombre como sus cartas a la iglesia, están inundadas del tema del amor. Fue Juan el que escribió, la declaración más poderosa y completa del amor de Dios; “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” Juan 3:16,  Fue también Juan el que nos hizo entender que la esencia misma de Dios es amor cuando declaró: “El que no ama no conoce a Dios porque Dios es amor”.

¿Qué es lo que le daba a Juan esa perspectiva tan clara del amor de Dios?

Si nos ponemos a pensar un poco acerca del título que la tradición le dió a Juan; “El discípulo amado”, descubrimos algo muy interesante. Este título se le dió basado en declaraciones que los evangelios hacen acerca del amor que Jesús sentía por Juan, pero el único evangelio que hace esas declaraciones es el evangelio del mismo apóstol Juan. Aquí están algunas de esas citas, Juan 13:23; 19:26; 20:2-3; 21:7; 21:20. Ni mateo, ni Marcos, ni Lucas hacen referencia alguna al amor que Jesús le tenía a Juan.

Muy interesante ¿verdad? Parece que el único que notaba que Jesús lo amaba era Juan mismo, y le hemos dado ese título basado en lo que él mismo escribió acerca del amor que Jesús sentía por él. La pregunta obligada es: ¿Amaba Jesús a Juan más que al resto de los discípulos? Los pasajes antes mencionados de evangelio San Juan sólo dicen que Jesús amaba a Juan, pero no que lo amaba más.  Al leer los evangelios encontramos que Jesús amaba a todos los discípulos.

Jesús amaba a Lázaro. “Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba” Juan 11:36 Jesús también amaba al resto de los discípulos. “Como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” Juan 13:1 La declaración más fuerte que Jesús hizo acerca del amor que sentía por los discípulos, está en Juan 15:9 Note que Juan sigue siendo la fuente del tema del amor de Dios.

Jesús le dijo a los discípulos: “Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor” Pongamos atención a ésta declaración. “Como el Padre”. Jesús nos está diciendo que el amor que El siente por los discípulos es como el amor que el Padre siente por el. El amor del Padre es perfecto, es tan perfecto que no puede menguar, ni crecer. Si fuera fluctuante no sería perfecto. Basándolo en ésta declaración podemos concluir que el amor que Jesús sentía por Juan era igual que el amor que sentía por el resto de los discípulos.

El mismo declaró: “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene por nosotros” 1 Juan 3:16. Muchos creyentes no se sienten seguros en el amor de Dios. Entienden de una manera intelectual que Dios los ama, pero sus corazones no lo captan. Necesitamos creerlo con el corazón.

El problema consiste en que le damos atributos humanos al amor de Dios. El amor humano es condicional, “Si actúas de tal manera te amaré más”, “Si haces esto, te amare menos”. El amor de Dios es perfecto, es distinto al amor de los seres humanos.

Ninguna buena obra, ninguna disciplina de oración, ayuno, lectura bíblica, santidad, hará que Dios te ame más. De la misma manera nada malo que hagas hará que Dios te ame menos.Es obvio que el pecado afecta nuestra relación con Dios, pero Dios no deja de amarte.

Sin duda alguna Juan tenía una mejor relación con Jesús que el resto de los discípulos, y eso se debía a lo seguro que él se sentía en su amor. No podemos tener una buena relación con el Señor, si no nos sentimos seguros en su amor. Todos somos amados de Dios.

 

¡Todos somos los discípulos amados!